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Otra cosa en la que me considero muy próxima a Harriet es, en ocasiones, a dejarte llevar por la pasión. Reconoce que su cocina no es la más práctica del mundo, pero que soñaba con griferías en cobre sin pulir y con mármol. El resultado es espectacular.
No puedo estar más de acuerdo con las palabras de Harriet Anstruther, diseñadora y propietaria de esta casa, quien asegura que las paredes en blanco no son fruto de la indecisión. Quizá para la cultura anglosajona, más acostumbrada al uso y abuso de papeles pintados y a la intensidad en las paredes, sea más cuestionable a primera vista el hecho de dejar el lienzo en blanco.
No son blancas porque estén a medio decorar, sino porque el blanco ayuda a mantener la calma y deja ver la silueta, según sus palabras. La arquitectura, dice, es la historia.
Otra cosa en la que me considero muy próxima a Harriet es, en ocasiones, a dejarte llevar por la pasión. Reconoce que su cocina no es la más práctica del mundo, pero que soñaba con griferías en cobre sin pulir y con mármol. El resultado es espectacular.
Algunas habitaciones y baños tienen concesiones a la fantasía, como el aseo revestido con un papel que imita la textura de la malaquita, y que tiene por lavabo un antiguo cubo de bomberos, o el baño de la habitación principal, cuya ducha está alicatada en un intenso rosa, y que parece una potente instalación artística.
La tradición en molduras, altura de techos, chimeneas y otras características que pertenecen al pasado de la casa se unen a la contemporaneidad en las reformas, como en el estudio, minimal y abierto a un patio interior.
imágenes Ny Times vía House Crush










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